Programa de Propiedad Participada: ex trabajadores de Altos Hornos Zapla

Señor presidente: Uno de los proyectos que hoy estamos tratando es el resultado de una larga batalla que los ex trabajadores de Altos Hornos Zapla que no fueron incorporados al Programa de Propiedad Participada, vienen dando de manera infatigable desde hace veinte años.

Es una cuestión de justicia. Es una cuestión de derechos. Es una cuestión de la deuda que, nosotros como representantes del pueblo tenemos con estos trabajadores, que tuvieron que mantener viva su lucha a través de una larga espera.

Este grupo de trabajadores lleva años de postergación, peregrinando por su reclamo que, analizado a la luz de la justicia debería haberse saldado hace tiempo.

Los ex trabajadores de Zapla, al producirse la privatización quedaron no solo desocupados, sino que su situación se vio agravada por las dificultades para reinsertarse en el mercado laboral con sus posibilidades seriamente minadas por el contexto del momento.
La privatización produjo un fuerte impacto económico y social en la localidad jujeña de Palpalá y desde hace veinte años, esta gente viene buscando de manera incansable el reconocimiento de sus derechos.

El rol del Estado en este caso es indelegable. Debe asumir la responsabilidad de concurrir a la asistencia de quienes se vieron expuestos a esta situación de desamparo como consecuencia del accionar del mismo Estado, que puso en marcha una política de privatizaciones que no supo anticipar las consecuencias de alto impacto social que derivarían de las mismas.

Pero para corregir esta situación, estamos hoy reunidos y son razones de estricta justicia las que nos impulsan a requerir el acompañamiento de este Cuerpo con el voto favorable, para que esta iniciativa se convierta en ley y para reforzar en los ciudadanos, la percepción de ser el camino de las instituciones, la ruta que debe constituirse siempre en la mejor opción para el reconocimiento de los derechos.
Cuando los problemas ven la luz y encuentran la solución de la mano de las instituciones, consolidamos la democracia y hacemos crecer a la República. De esta manera le demostramos a nuestros representados que la ley es siempre el mejor camino. Les transmitimos que escuchamos, que vemos y que comprendemos de sus necesidades y que, en definitiva estamos cristalizando en leyes justas, el mandato que cada uno hemos recibido.

Con profundo pesar, quiero rendirles homenaje a los cuatro jóvenes que fallecieron en el marco de la inexplicable violencia que se produjo en la localidad de Libertador General San Martín el 28 de julio. Ariel Farfán, Alejandro Farfán, Félix Reyes y Juan Velázquez.

Pero estas muertes no pueden entenderse sin el proceso que las precedió, en donde se conjugan irresponsabilidades, incapacidades, desidia y falta de previsión para la atención de necesidades habitacionales urgentes que convirtieron al 28 de julio, en un acto de desesperación ante la necesidad.

Estas muertes podrían haberse evitado con una política habitacional que hubiera pensado en un desarrollo urbanístico de la provincia integrado en un plan a mediano y largo plazo que hubiera comenzado con un relevamiento integral del problema, independientemente de la filiación de las organizaciones que nuclean a las familias que reclaman.
Todos saben en este recinto que, en nuestra provincia, hay organizaciones que reciben cifras millonarias y otras que están sumidas en el desamparo y condenadas a la orfandad por no adherir incondicionalmente al oficialismo.
Estos jóvenes que hoy quiero honrar son el emblema de la lucha en una provincia claramente injusta, en la que ahora se multiplican las soluciones y las propuestas, cuando el problema tiñó con sangre el suelo jujeño, pero habiendo dejado pasar años de inacción e imprevisión.

En Jujuy no hay políticas para combatir la pobreza, para generar trabajo y para acceder a una vivienda digna y este luctuoso saldo que nos dejó este negro mes de julio es una prueba evidente de ello.

En estos días, los asentamientos se han multiplicado y pobres contra pobres se enfrentan por un pedazo de tierra en donde poder construir un refugio para su necesidad. Aquí, hay más de un responsable, desde el gobierno nacional, pasando por el provincial, y no son solo los portadores de las armas desde donde salieron las balas que terminaron con la vida de estos jóvenes.
Quiero rendirles homenaje a quienes perdieron la vida injustamente y expresar mi compromiso para que estas muertes no hayan sido en vano, para que no nos olvidemos que mientras se reproducen discursos exitistas de crecimiento con datos abrumadores, el suelo de Jujuy recibe la sangre de sus hijos que mueren luchando por una de las necesidades más básicas que tiene el ser humano como es la de la vivienda.

Ariel, Alejandro, Felix y Juan, víctimas de la represión, pero también víctimas de la miopía, de la irresponsabilidad, de la imprevisión, de la falta de solidaridad y de la injusticia. Inexplicables víctimas en un país en el que se habla mucho de los derechos humanos pero en donde hoy tenemos que mirar con verguenza como se acaba de arrancar a estos jóvenes el primero y más importante de los derechos: la vida.

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